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Puntualidad, luces,
música y mucho humor. Así abrió sus puertas el Teatro Circo Price la noche del domingo 18
de enero. Con unas notas superfluas y un comienzo surrealista, Alex O’Dogherty y La Bizarrería dio comienzo al último concierto del festival Inverfest, que
pincelado con risas, monólogos e instrumentos aparentemente desafinados hicieron las delicias de los asistentes.


Con un envidiable don
para la autocrítica y una habilidad innata para convertir lo más nimio en
risas, el polifacético actor Alex O’Dogherty encabezó el espectáculo haciendo
gala de la autenticidad que le llevó a la fama en ‘Camerá Café’, hace casi ya una década. Vistiendo ropa circense y
sombreros expresionistas, el concierto se inauguró con un rítmico y acompasado
‘Imbécil’ que provocó las carcajadas del público.

Convirtiendo lo corriente
en entretenimiento y demostrando que debajo de la sorna se esconde la
inteligencia, la banda dio una lección de infortunios y demostró actitud
ante los mismos.
Apelando a las relaciones sentimentales y hablando sin
tapujos, el humorista (involucrado en el mundo de la música desde hace 14 años)
reflexionó en voz alta sobre el ideal de la mujer perfecta o las falacias de
las canciones románticas.

O’Dogherty  se ríe de sus
composiciones en temas como ‘Esta canción es una mierda’ o ‘Una canción muy bonita’donde satiriza sobre los acordes y la simpleza de las
canciones famosas, acarreando el canturreo del público en un popurrí en el que Los Beatles, Jarabe de Palo o el ‘Cumpleaños feliz’ encuentran su punto en común.

El momento esplendoroso
de la noche llegó cuando un famoso visitante, en desacuerdo con la afirmación de que
la vida puede ser maravillosa, fue invitado a subir al escenario a narrar su
experiencia. Así, entre murmullos del
público,
Dani Rovira subió al escenario y protagonizó el tema ‘No hubo manera’, en el que interrumpido
por las constantes mofas del extravagante artista narró las incómodas circunstancias ante las que se encuentra un
hombre en el sexo cuando, efectivamente, no encuentra manera.

Destacó también su
particular uso de la música como publicidad, utilizando ‘Cuatro minutos’ para promocionar su último trabajo animando al público
a comprarlo. Rescatando la poesía y convirtiéndola en una inigualable prueba de
memoria, el también poeta reveló los entresijos del amor recitando unos versos cómicos de cosecha propia.
Apoyando la función en un
insólito piano mágico del que salen instrumentos y cajas de música, 
O’Dogherty y su banda brindaron un espectáculo en el que el swing, el pop, el funky y el
rock se complementaron con el sarcasmo.
Un show en el
que, motivados por el título de su álbum, ‘Mi imaginación y yo’, la formación convierte en partícipes activos a su público, al que
de una manera amistosa enredan en su presteza imaginativa.



Imágenes de Enrique Escalona.
Texto de Ada León.