EXTRA!



El centro neurálgico de no
pocas tribus urbanas que se solapan y renuevan, Malasaña, cuenta entre sus calles con multitud de salas de teatro alternativas a la sombra del Lara, quizá su
estandarte más burgués.
El Teatro Alfil, veterano del Off Madrid, goza de una
generosa cartelera y del respaldo de una compañía, Yllana, que simpatiza con
hipsters y heavies del barrio en su espíritu irreverente, reflejado en la
naturaleza de los espectáculos que presenta.


La disposición del interior de la
sala concuerda con el show que la compañía 
Al Tran Trán improvisa cada sábado a las 22.30 h.
Mesas
donde degustar una exquisita cerveza y butacas, si no se ha tenido
tanta suerte con el asiento, crean una atmósfera distendida para el espectáculo que los
artistas eligen llamar ‘La última noche’.


Al Tran Trán mezcla humor, teatro
y música a partes iguales, pero distintas en su calidad de ejecución.
Los
deseos del público, resumidos en papeletas, son el hilo conductor de la producción, en la que el carpe diem y el buenrollismo pasan a ser dos personajes más. La compañía,
que ya ha actuado en salas como la Tis, el Teatro Casa de Vacas o el Teatro Arlequín, imparte además cursos de improvisación musical para los más
atrevidos.

Ángel Hidalgo Cantizani, Rubén Hernández,
Pau Pérez, Daniel Sota y Antonio Turuta demuestran talento a la hora de improvisar guitarra
en mano, deleitando al respetable con unas bonitas y personalísimas voces
, pese
al no tan brillante audio de la sala. La estética rarista de sus personajes
puede desconcertar, de manera similar a las
improvisaciones teatrales, que flojean si se comparan con sus análogas
musicales.


Un espectáculo
fácil de digerir que no supera la hora y media, tiempo suficiente para que los
cinco canallas te hayan convencido de que siempre, a veces, o, por lo menos, el
sábado por la noche, uno debe vivir como si no hubiera mañana.