EXTRA!



La familia es para la gran mayoría, sin duda, lo
más importante. Son esas personas que siempre están ahí: cuando somos felices, cuando
cometemos errores garrafales y cuando necesitamos esos hombros en los que
apoyarnos para poder seguir adelante. Para el director de cine
Daniel Sánchez Arévalo parece estar
más que claro que es así.
La unión hace la fuerza y, cuando se trata de la
familia, esa fuerza es capaz de mover montañas.


La cuarta película del Sánchez Arévalo versa sobre
eso mismo, la familia, aunque aparece en un cuadro adornado con aquel
sentimiento de muchos españoles que tuvo lugar aquella noche de verano en la
que ‘la roja’ se proclamó campeona del mundo por primera vez en su historia.

La historia de ‘La gran familia española’ se
contextualiza justo aquel día en el que Iniesta marco el gol que hizo vibrar a un
país entero, pero cuando profundizamos en la historia, el fútbol
pasa a un segundo plano, aunque en ocasiones vuelva a asomarse de nuevo.

Cuatro hermanos y un padre se enfrentan a otro tipo
de partido, el más importante de todos: la vida.
Para terminar de adornar el
pastel nos encontramos con el escenario central de la historia, la boda del
benjamín de la familia, que aparece como trama principal de la historia.

Como ya nos tiene acostumbrados, el director (y
guionista) juega con el drama y la comedia de tal forma que hace que podamos
reír a carcajadas a la vez que nos toca la fibra sensible en numerosas ocasiones,
todo ello sin agarrarse a recursos fáciles, haciendo uso del estilo tan personal que le caracteriza.

Pero no sólo del director es el mérito, ya que cada uno de
los actores consigue ese realismo que ya habíamos presenciado en ‘Primos’ y que ayuda a introducirse en la piel de unos personajes
que, durante algo más de hora y media, se convierten también en nuestra
familia.

Salir del cine con la sonrisa y la satisfacción de
haber visto una buena película siempre agrada, y con un director y unos actores
como los de ‘La gran familia española’ la apuesta es segura.